Una aleación de lujo
El oro blanco es una de las opciones más exquisitas y sofisticadas en la alta joyería. Su brillo impoluto y su versatilidad lo convierten en el metal ideal para quienes buscan piezas atemporales, con una estética refinada y moderna. Pero, ¿qué es el oro blanco y qué lo hace tan especial?

A diferencia de lo que su nombre podría sugerir, el oro blanco no es un metal puro, sino una aleación creada a partir de oro puro (amarillo) y otros metales preciosos como el paladio, la plata o el níquel. Su tonalidad característica se debe a esta combinación, que no solo modifica su color, sino que también mejora su resistencia y durabilidad.
Para realzar aún más su belleza, la mayoría de las joyas de oro blanco, como las alianzas de boda, reciben un baño de rodio, un metal de la familia del platino que intensifica su brillo y proporciona un acabado impecable. Este tratamiento no solo acentúa su blancura, sino que también lo protege frente al desgaste diario.
El oro blanco no solo deslumbra por su estética, sino también por sus propiedades únicas:
El oro blanco es el resultado de una meticulosa combinación de metales preciosos, una auténtica alquimia moderna que busca tanto cambiar la tonalidad como mejorar las propiedades del oro puro. El oro en su estado natural es amarillo y demasiado blando para ser utilizado en joyería sin algún tipo de refuerzo. Para hacer la composición del oro blanco, se mezcla con otros metales que aportan resistencia, dureza y, sobre todo, ese característico tono plateado. Aunque siempre se suelen terminar bañándose en rodio, las aleaciones de la composición del oro blanco pueden variar en función de la calidad, el precio del oro blanco final y el propósito de la joya, pero los más habituales son los siguientes:


Es muy habitual preguntarse como saber si es oro blanco cualquier joya, además de que supone u gran cambio de valor de la pieza. La primera clave es buscar el contraste o sello de pureza, que indica la cantidad de oro en la aleación. Las piezas de alta joyería suelen estar marcadas con 750 (18 quilates), lo que significa que contienen un 75% de oro puro.
Otra forma de comprobar su autenticidad es la prueba del imán, ya que el oro no es magnético. Si la joya de lujo se adhiere al imán, probablemente no sea oro blanco genuino. Además, en joyerías especializadas se puede realizar la prueba del ácido nítrico, un método definitivo para confirmar la pureza del metal.
El peso también es un indicador: el oro blanco es más denso que otros metales preciosos, como la plata o algunas aleaciones menos valiosas, por lo que se nota que pesa y tiene más cuerpo. Si tienes dudas, lo mejor es acudir a un joyero de confianza, como nuestras joyerías en A Coruña y Santiago de Compostela, quien podrá verificar la autenticidad de la joya con precisión.

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