Hace más de tres milenios, antiguas civilizaciones hoy desaparecidas y geográficamente muy lejanas entre sí como la maya, la egipcia, la inca, la azteca o la persa tenían en común un elemento: su veneración por una piedra que consideraban única y poderosa.
En el apartado Tíbet los monjes se aferraban a esta misma gema, que denominaban gyu, para atraer la salud y la buena suerte.
Era la piedra turquesa, exótica y luminosa, de cuyo esplendor podemos gozar hoy en múltiples creaciones de joyería de alta calidad.
La “piedra turca” o piedra turquesa, que para los antiguos cambiaba de tonalidad en función del estado de salud de su portador, es un mineral formado por múltiples cristales microscópicos que se aglomeran en una masa sólida y de color inigualable.
Es un fosfato de aluminio y cobre de dureza 5-6 en la escala de Mohs y de textura porosa.
Hay que tener en cuenta esta última característica a la hora de proporcionarle cuidados, pues es sensible a los perfumes y a otros cosméticos.
Usados en demasía pueden incluso llegar a modificar el color de la turquesa. Los expertos en gemología recomiendan limpiarla únicamente con un paño suave y guardarla separada de otras gemas.
Su nombre procede de los comerciantes turcos que la transportaban hacia Europa desde la lejana Persia, recorriendo la mítica Ruta de la Seda. El nombre de piedra turquesa viene de la palabra francesa pierre turquoise, que justamente hace referencia a su entrada en Europa a través de Turquí en el siglo XVI.


Ha sido muy importante a nivel histórico, ya que es una de las piedras que más se ha utilizado como ornamentación en civilizaciones tan antiguas como el Antiguo Egipto, China o algunas civilizaciones americanas precolombinas (mayas, aztecas…).
Se ha encontrado desde en brazaletes en los brazos de momias, hasta como moneda de cambio en Persia. En otros lugares como Asia oriental, se ha utilizado sobre todo por sus propiedades medicinales.
En concreto, para los tibetanos, la piedra turquesa siempre ha sido símbolo de valor, dedicación y benevolencia. Otros pueblos que también le han atribuido un significado espiritual han sido los nativos americanos. Por ejemplo, apaches y navajos creían que la turquesa piedra estaba relacionada con el cielo y el mar.
Las vetas iraníes de Mishapur siguen siendo uno de los lugares en que se producen mejores ejemplares de piedra turquesa, aunque no el único.
Estados Unidos (con las famosas gemas de Arizona), México y China cuentan hoy en día con los yacimientos más importantes de turquesa piedra, junto con Irán, y también se explotan minas en Perú, Nepal o Mongolia.
En España se obtiene en minas situadas al sur, en Cáceres, Córdoba, Almería y Jaén.
A nivel espiritual, la piedra turquesa se ha asociado al denominado tercer ojo: la intuición.
Y es que se cree que la piedra turquesa potencia la meditación e intuición, aportando una energía suave y fresca.
También es considerada una piedra sanadora y protectora. De hecho, desde tiempos inmemoriales se llevan haciendo todo tipo de amuletos con turquesa piedra.
Por último, según la creencia popular, favorece el descanso y la vitalidad a nivel mental, y la regeneración de tejidos a nivel físico.


Si hablamos de turquesa y sus propiedades, se trata de una piedra muy interesante:
Como hemos dicho antes, la turquesa es muy sensible, así que hay que tener cuidado al guardarla y evitar todo aquello que pueda estropearla:


A continuación, te explicamos los pasos para limpiar piedra turquesa, ya que esta piedra tiene algunas particularidades:
Hoy en día, la turquesa se usa sobre todo para fabricar collares, pulseras, anillos y colgantes.
En la actualidad existen numerosas imitaciones de la turquesa difíciles de detectar para un no experto. Una de las más comunes es la llamada turquesa reconstituida, formada por polvo o fragmentos de turquesa de baja calidad que se compactan con procesos de calor y presión de forma artificial.
También se fabrican turquesas de imitación a base de crisocola o variscita, minerales mucho menos exclusivos; o magnesita y calcita, que se tiñen para conseguir piezas denominadas turquenitas. Existen también imitaciones de fabricación sintética.

Es un fosfato de aluminio y cobre de dureza 5-6 en la escala de Mohs y de textura porosa. Es sensible a los perfumes y a otros cosméticos.
Su nombre procede de los comerciantes turcos que la transportaban hacia Europa desde la lejana Persia, recorriendo la mítica Ruta de la Seda. El nombre de piedra turquesa viene de la palabra francesa pierre turquoise, que justamente hace referencia a su entrada en Europa a través de Turquí en el siglo XVI.
La piedra turquesa se ha usado históricamente como ornamentación o joyería, desde el Antiguo Egipto hasta la actualidad. También se le han atribuido propiedades terapéuticas o medicinales, asociadas con la calma, la tranquilidad, la intuición y la meditación.
Las vetas iraníes de Mishapur siguen siendo uno de los lugares en que se producen mejores ejemplares de piedra turquesa, aunque no el único.
Estados Unidos (con las famosas gemas de Arizona), México y China cuentan hoy en día con los yacimientos más importantes de turquesa piedra, junto con Irán, y también se explotan minas en Perú, Nepal o Mongolia.
En España se obtiene en minas situadas al sur, en Cáceres, Córdoba, Almería y Jaén.
En la actualidad existen numerosas imitaciones de la turquesa difíciles de detectar para un no experto. Una de las más comunes es la llamada turquesa reconstituida, formada por polvo o fragmentos de turquesa de baja calidad que se compactan con procesos de calor y presión de forma artificial.
Sólo el ojo de un gemólogo o joyero experto podría notar la diferencia.

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